El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.
Ayer hablé de una persona. Una persona a la que le copié la idea de tener un blog como un espacio en el cual poder expresar mis sentimientos y emociones cuando me venga en gana. Y comienzo así porque de lo que voy a hablar hoy está muy relacionado con ella.
Amar es combatir, o eso dice el cantautor de mi grupo musical favorito. Pues bien, creo que lo que significa el amor está muy bien expresado en esas líneas en cursiva que se encuentran al inicio de esta entrada. Evidentemente, no es mía la autoría. Tampoco diré quien las escribió. Solo diré que la persona que expresó estas palabras sabía muy bien lo que estaba escribiendo, lo sabía por el hecho de que sentía en su corazón cada letra, cada acento y cada coma. Así que cada vez que creo que estoy enamorado de alguien pienso en cada una de esas palabras y recibo una dosis de realidad. Creo que me he enamorado dos veces, solo dos veces he sentido cada una de las palabras que están escritas ahí arriba. Y he de decir que hay mucha razón en cada una de esas afirmaciones.
Ahora contaré una historia de amor, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
La conoció un día caluroso. Era el último día de instituto y se avecinaba un verano prometedor. Él tan solo llevaba un par de años en ese instituto y ese curso había hecho muy buenos amigos así que pensaba disfrutar al máximo. Pues bien, ese último día se agolpaba mucha gente en el gimnasio para ver diversas actuaciones que se realizaban en el instituto como tradición. Y resulta que allí estaba ella, una hora antes del evento entrando en el lugar para ensayar. Él no lo quería admitir, pero aquella chica había captado su atención desde el primer segundo que la vio y durante todo el día no le quitó el ojo de encima. Sin embargo, cuando todo acabó, cada uno tomó su camino rumbo a un verano lleno de expectativas que luego no se cumplirían.
Entonces llegó el siguiente curso, primer día. Adivinen. La chica que había robado la atención de aquel muchacho apareció en su clase. Al parecer había repetido curso y por alguna extraña razón allí estaba, dispuesta a comerse el mundo, a empezar de nuevo. Era un auténtico terremoto. Creo que eso fue lo que más llamó la atención de él, la personalidad arrolladora e inquieta que tenía. Esa fachada de quebrantar las normas, de arrasar con todo lo que se ponía en su camino. Les diré algo, él era bastante celoso, cada vez que la veía abrazar a uno de sus compañeros se moría de envidia, quería ser él quien la tuviera entre sus brazos. Y así fue, sin él saber cómo lo consiguió. Un día se convirtió en el que recibía los abrazos, en el que compartía confidencias y el que la hacía reír. Era tímido, no sabía mucho sobre el amor. Se había enamorado una vez y le rompieron el corazón. Ella también había sufrido, digamos que ninguno de los dos habían corrido con mucha suerte en ese aspecto. Pero entonces, quizá por la confianza, esa amistad que habían fraguado les llevó a refugiarse el uno en el otro de una forma especial. Él aún recuerda esa nota en su agenda que decía 'Esta noche, a las 11, hablarás con la persona más importante de tu mundo'. Y sí, ella lo era, pero él ni siquiera se había dado cuenta de eso y ella problamente tampoco era consciente de lo que esas palabras podían provocar en él. Quizá por eso, por ignorancia, por falta de valor, ambos dejaron pasar aquella oportunidad de ser felices juntos y todo terminó ahí, dando como resultado una amistad.
El curso siguiente muchas cosas cambiaron, esa extraña circunstancia que los había unido se encargó de separarlos. Pues ella, a última hora, había tenido que cambiar de instituto. Por esta razón, ambos perdieron el contacto poco a poco, olvidaron todo aquello que habían vivido y siguieron con sus vidas. Un día se reencontraron y decidieron quedar una tarde para tomar un par de cervezas y ponerse al día. Él acudió emocionado a la cita, a ella también se le veía contenta por el encuentro. En efecto se pusieron al día, compartieron confidencias y parecía que retomarían aquella amistad que habían fraguado un año atrás; pero al final, eso no sucedió. Al poco tiempo de aquel encuentro volvieron a dejar de hablar, sin ninguna razón aparente, pero así fue.
Pasaron cerca de dos años y medio hasta que un día volvieron a hablar. El hecho es que aquella charla que tuvieron rompió con todos sus esquemas, con todo lo que tenían pensado. Nuevamente estaba a punto de comenzar el verano, habían pasado cuatro años desde la primera vez que la vio. Las cosas habían cambiado. Ellos habían cambiado. Aunque mantenían su escencia. Él tímido y ella un terremoto. En el fondo la mantenían. Entonces decidieron darle una oportunidad a aquella historia de tres años atrás. Y nuevamente, por alguna extraña razón allí estaban. Dispuestos a hacer de ese verano el mejor de sus vidas, a cumplir cientos de expectativas.
Han pasado por muchas cosas, el verano está a punto de acabarse, probablemente aún no sean conscientes de esto, pero la vida ya los ha reencontrado unas cuantas veces y quien sabe, puede que esta sea la última que lo haga.
Solo una persona conoce esta historia tanto como yo, se trata de la persona que he mencionado ya un par de veces y por eso dije que todo esto tenía mucho que ver con ella. En efecto, nada de esto lo habría podido escribir si ella no hubiera aparecido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario