sábado, 15 de abril de 2017
Rabia
Supongo que todos han tenido esta sensación alguna vez. Supongo que todos en algún momento de su vida han sentido esa impotencia, esas ganas de destrozar todo lo que se encuentre a su paso, esas ganas de que pase rápido el tiempo para olvidar un mal rato lo antes posible. Así me encuentro hoy. Así es como me siento. La realidad es que hace mucho tiempo no me sentía así. Pensé que la palabra era decepción, pero no; la realidad es otra muy distinta. Supongo que llega un momento en tu vida en el que no duelen tanto las desilusiones, pero sí que dejan una sensación de gran vacío. Supongo que llega un momento en el que ya desconfías por defecto. Creo que ese momento ha llegado y creo que ha llegado para quedarse. Sí, desconfío. Desconfío hasta de mí mismo. ¿La razón? Sencillo. Me asombra la falicidad con la que las personas usan las palabras. Me asombra la facilidad con la que se hacen promesas y se profesan sentimientos inexistentes. Me asombra porque, a diferencia de todas esas personas, yo soy real y no hay lugar a la mentira en mi vida. No pediré que sean como yo. No pediré nada porque será inútil. Siempre habrán personas así. Siempre habrá alguien dispuesto a endulzar la realidad solo porque necesita que alguien le dé una subida de autoestima. Siempre habrá alguien dispuesto a pasar por encima de ti para alimentar su ego. Siempre. Supongo que solo queda seguir. Supongo que todo seguirá bien. Supongo que no habrá mas que torcer. Supongo que me debo ser más fiel. Supongo que no debo suponer. Lo mejor de ser real es que mi identidad no escondo. Así se refleja mi realidad hoy: en una profunda rabia.
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