admiro con dolor la insignificancia de cada instante.
Pasan los segundos, minutos y horas; pero el reloj se ha parado
y no queda más que añorar aquellas épocas de antes.
Tarea fácil parecía olvidarte, mas sigues presente en mi mente.
Me pregunto a mí mismo si olvidaré esa brillante sonrisa,
o esas suaves manos que acariciaban como fresca brisa.
Mujer, qué difícil se hace continuar desde que estás ausente.
Regresa. Regresa y trae de vuelta esas noches en vela,
esos instantes en los que hacías que cada segundo
cobrara vida y, por vanal que fuera, valiera la pena.
Espera. Espera y permíteme que sonría,
pues quiero decirte algo muy importante:
no hace falta que regreses, era ironía.
J. Gutiérrez.
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